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Enseñar inglés y volar cometas

Julio 18 2023

Enseñar dos horas diarias de inglés no es broma, sobre todo cuando no tienes experiencia docente y estás creando tu propio currículo. Tanto profesores como alumnos se cansan y agotan por la concentración constante que requiere aprender un nuevo idioma. Con esto en mente, es de suponer que todos se alegraron al descubrir que la clase de inglés se acortaría un viernes para pasar una hora volando cometas. Como suele ocurrir durante el SST, solo tenía una idea parcial de los planes para esta aventura. Solo sabía que habría cometas de por medio y que mi tiempo de clase se reduciría a la mitad. Fue suficiente para emocionarme. Lo siguiente que supe fue que los niños con todo tipo de cometas estaban alineados, listos para caminar hacia nuestro destino, lo cual seguía siendo un misterio para mí.

Mientras caminábamos desde la Fundación hasta la calle y tomábamos un camino de tierra, la gente recogía palos de los árboles para ahuyentar a los perros callejeros. Durante el paseo, uno de mis estudiantes nos gritó a mí y a mi compañero de servicio: "¡Cuidado con los perros!", lo que, para nuestra sorpresa, nos hizo acercarnos a los niños, pues creíamos que ellos sabrían cómo manejarlos mejor que nosotros. Caminamos un rato por el sendero hasta llegar a una cuesta empinada que prácticamente tuve que subir a gatas. Tenía mucho miedo de perder el paso y atropellar sin querer a los niños pequeños que iban detrás, lo cual, por suerte, no ocurrió.

Una vez que llegamos a la cima de una gran colina, me di cuenta de por qué este era el lugar final: había mucho viento y era perfecto para volar cometas. Como mencioné antes, había una gran variedad de cometas, desde las de Spiderman compradas en tiendas hasta las caseras con bolsas de supermercado y palos. Ayudar a uno de los niños a lanzar con éxito su cometa fue una sensación muy gratificante al ver la alegría que les trajo. Algunas cometas volaron tan alto que me preocupaba que tardara una eternidad en enrollarlas. Mientras que otras, como las caseras, eran demasiado pesadas en la parte superior e imposibles de lanzar. Aunque no todas las cometas funcionaron, fue increíble ver a un niño pasarle su cometa voladora a otro que no estaba teniendo la misma suerte. Hubo risas debido a las líneas cruzadas y el ceño fruncido mientras adultos y niños seguían tratando de hacer que las cometas defectuosas funcionaran.

Al terminar nuestra aventura de cometas, regresamos a la Fundación con la moral alta y las energías al máximo. Aunque esta aventura acortó la clase ese día, valió la pena ver la alegría que trajo este pequeño cambio en nuestro horario. SST me está enseñando que está bien no tener siempre una visión completa antes de embarcarse en una aventura. SST también me ha enseñado sobre el amor incondicional, ya que mis dos familias anfitrionas me recibieron con los brazos abiertos y me trataron como a una más. Este sentimiento es algo que nunca olvidaré, ya que me ha hecho perder el miedo a lo desconocido y empezar a aceptarlo.

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